PARROQUIA SANTA MARIA DE LA ESTRELLA 
Declarada Bien de Interés Cultural - Coria del Río (Sevilla)
 

 

CALENDARIO Y HORARIOS DE MISAS

Pinche aquí 

Nuestra Señora del Rosario, presidiendo el Altar Mayor de la Parroquia de Santa María de la Estrella


Homilías de los Cultos Solemnes en Honor a Nuestra Señora de la Estrella, a cargo de 

D. Antonio Santos Moreno, Presbítero

Homilía Función Principal


Resuena hoy más que nunca esa antífona que como eco de ternura y de amor de Dios hemos escuchado y con la que hemos rezado todos estos días de novena:

 

Santa María bendita seas, clara espejo de la Santa Iglesia.

 

Hoy celebramos una advocación mariana muy querida del pueblo cristiano. Nuestro pueblo y en especial nuestra patrona tiene que la tiene por titular y madre. Hoy celebramos a Nuestra Señora de la Estrella. Los textos bíblicos no hablan de cuándo ni dónde ni de quiénes nació María, pero lo que no dice el texto sagrado, lo suple la devoción y tradición de los cristianos. Y bajo esta advocación mariana de la Natividad de María muchos pueblos celebran sus fiestas patronales, y hoy es el día de nuestro pueblo, Coria del Río.

 

Vestida de sol y pétalos,

ha nacido nuestra paz:

¡por ella es azul el mar

y por ella es limpio el fuego!

Cuando con cetro de sombra

reina la noche en el mundo

y cintilante y oscuro

el silencio voz se torna,

como rosa misteriosa

del más escondido huerto,

vestida de sol y pétalos,

ha nacido nuestra paz:

Lírica como una estrella,

humilde como una esclava,

milagrosa como el alba,

emperatriz de las penas

y de los júbilos reina,

corazón del Evangelio,

vestida de sol y pétalos,

ha nacido nuestra paz.

 

Así comenzaba hoy la Iglesia en el Himno del oficio de lecturas, así tu Iglesia, obispos, sacerdotes y diáconos, consagrados y consagradas, tu pueblo santo te proclama como Estrella.

No nos resignamos a no decir nada de algo tan entrañable como el nacimiento de una persona tan importante. Y la liturgia nos invita a recordar y vivir aquel día en que María como aurora luciente brilló en el firmamento de la historia anunciando al Sol que nos traía la salvación, su hijo Jesús. 
Toda la grandeza de María proviene del Hijo que Dios le regaló. Y al Hijo directamente se refieren los textos que nos propone la liturgia.
La profecía de Miqueas anuncia la grandeza de Belén, porque en este pequeño pueblo nacerá Jesús. La maternidad de María no es obra de José sino del Espíritu Santo.
La participación de María y José en los planes de Dios es diversa. La misión de María consiste en tener a ese hijo y ser la madre de Jesús. La misión de José es “ponerle nombre”.
Todos tenemos nuestra misión que cumplir en el plan de Dios. Hoy insertados en el plan de Dios, junto a María, tendríamos que preguntarnos, cual es mi misión en este cuerpo de Cristo, su Iglesia, mi parroquia, mi comunidad, mi familia.  El nacimiento de María nos llena de alegría y de confianza, pues las obras de Dios siempre tienen comienzos y medios humildes y no siempre fáciles de comprender.
Hemos de sentirnos parte de este proyecto de amor, cauce de entrega y de fraternidad que en María encontramos junto a su Hijo Luz del mundo. No quisiera brevemente sino terminar con Lope de Vega, que creo que mejor que nadie honra a nuestra Patrona y titular de la parroquia con estas palabras:

Hoy nace una clara estrella,
tan divina y celestial,
que, con ser estrella, es tal,
que el mismo sol nace de ella.
De Ana y de Joaquín, oriente
de aquella estrella divina,
sale luz clara y digna
de ser pura eternamente;
el alba más clara y bella
no le puede ser igual,
que, con ser estrella, es tal,
que el mismo Sol nace de ella.
No le iguala lumbre alguna
de cuantas bordan el cielo,
porque es el humilde suelo
de sus pies la blanca luna:
nace en el suelo tan bella
y con luz tan celestial,
que, con ser estrella, es tal,
que el mismo Sol nace de ella.

 


Felicidades a todos en este día de nuestra Madre y Patrona la Virgen de la Estrella.

 


Homilía séptimo día de Novena

 

Queridos hermanos y amigos, ya en este séptimo día de la novena a nuestra madre y patrona la Virgen de la Estrella, nos acercamos a contemplarla y profundizar a María, salud de los enfermos. 

 

Cuando consideramos la enfermedad, inmediatamente se nos vienen a la cabeza las enfermedades del cuerpo, enfermedades que nos afectan visiblemente y que deterioran nuestra forma de estar en la vida, en medio de nuestra sociedad. 
Tales enfermedades y más comunes son el cáncer, el alzhéimer, etc., alguna cardiopatía o enfermedades degenerativas que van socavando nuestras vidas hasta muchas veces, acabar con ellas. Me atrevería a decir que no nos dan miedo dichas enfermedades sino el sufrimiento que generan en nosotros y en los que nos rodean. 
¿Hemos reflexionado sobre las enfermedades? ¿Sobre la falta de salud? Podría tratar aquí sobre el tabaco, las distintas drogas (incluida la adicción a internet) y sobre todo el daño que está haciendo el alcohol en tantas familias, y sobre todo en los jóvenes. Hemos reflexionado en familia sobre la realidad de los enfermos y las necesidades que tienen, que muchas veces no son de atención terapéutica, sino de atención humana…
Cuando reflexionamos sobre la salud pocas veces atendemos a la salud del alma, esa paz del corazón, quietud del alma que nos lleva a vivir en paz con el Señor, o mejor dijo con paz en el Señor, con nosotros mismos, y con nuestros hermanos. 
Un día cuando salí a predicar aquí en nuestra parroquia, hice la siguiente pregunta:
¿Que me falta por hacer si hoy el Señor me llama a su presencia?
Con quien me tengo que reconciliar, a quien le tengo que decir que lo quiero, cuantas muestras de cariño y comprensión nos faltan. Que decisiones he de tomar, hacia donde tendría que dirigir mi vida, mis pensamientos, que pondría en la estantería de cosas relativas y a qué cosas verdaderamente daría prioridad. Cuantos, y que muros tiraría, y cuantos puentes trazaría…
Buscar la paz del corazón, requiere un combate permanente, consiste sobre todo en aprender a aceptar nuestros ocasionales fallos sin desanimarnos, a no perder la paz del corazón cuando caemos lamentablemente, a no entristecernos en exceso por nuestras derrotas, y a saber aprovechar nuestros fracasos para saltar más arriba... 
Cuantas heridas en nuestras vidas, paralizan nuestra alma y empequeñecen nuestro cuerpo.
Antes he mencionado enfermedades del cuerpo, ahora me gustaría centrarme o señalar de algún modo las del alma:
- Cuantas veces nuestro egoísmo o amor propio nos han separado de miembros de nuestra familia. Hermanos y padres que no se hablan, problemas de herencias, de suegras, de nietos…
- Cuantas veces nos hemos ido de la iglesia por tal o cual cura, como si la fe de un pueblo estuviera pendiente de un cura, sino del Señor que es el que Salva, pues si cada vez que un cura no le gustara un feligrés… o no habría curas, o no habría feligreses…
- Cuantas veces las heridas del pasado son una losa que me impide ser feliz o me considerase indigno de la presencia del Señor, las drogas, la prostitución, el aborto, la infidelidad matrimonial, la homosexualidad… cuanto hemos desdibujado al Dios de la misericordia que nos muestra Jesús en la parábola del Hijo Prodigo.
- El hedonismo y el materialismo, si… parece que en la vida solo merece la pena lo placentero, lo que me da bienestar…y hemos de rechazar todo lo que cause tristeza o dolor. Eso unido al materialismo, esa forma de vivir como sepulcros blanqueados, en grandes mausoleos o palacetes, que lo único que contienen es podredumbre y falsedad, el culto a lo material es un pecado grave… sobre todo cuando desoyes al Señor: donde está tu hermano. 
Podría seguir, pero hoy toda contemplar a María como salud, que significa gracia, ella acompaña a Jesús a los pies de la cruz sabiendo que es la entrega aun dolorosa del mismo, lo que traería la redención al mundo. 
Cuanto huimos nosotros ese calvario, que poco nos gusta complicarnos la vida en esas realidades de dolor, de soledad y de necesidad. 
Dos son las propuestas o invitaciones pastorales que quiero compartir en esta novena. La primera, la necesidad de no caer simplemente en un culto al cuerpo, valorarlo claro esta como templo del Espíritu Santo, pero sabiéndonos limitados seamos capaces de ofrecernos al Señor como la oración de Santa Teresa: vuestra soy para vos nací… y que en su propio desarrollo, crecimiento y deterioro no hemos sino de dar gracias al Señor por él. No es un día menos el que vivimos sino un día más que tenemos como oportunidad de ofrecernos como Hostias vivas, agradables al Señor. Cuidemos de nuestra salud, pero no solo física, también intelectual, cultural… moral.  
Y segundo, no te olvides que al atardecer de la vida vas a ser examinado del amor, no de las canas ni de las arrugas, no de los delgado o grueso que estas, sino de lo que amaste, perdonaste, de lo que fuiste capaz de acoger, de abrazar, de entender sin juzgar, de sonreír, y sobre todo de las veces que fuiste capaz de reconocer aun en momentos de calvario que el Señor siempre ha estado y está a nuestro lado, junto a la que es Madre y Gracia, salud de los enfermos,
Nuestra Señora de la Estrella, Salud de los enfermos ruega por nosotros.

 

 

Homilía sexto día de Novena

 

Queridos hermanos hoy y de un modo especial me gustaría compartir esta predicación junto a vosotros teniendo presente a la familia, el valor de la familia de consanguinidad y el valor de nuestra familia parroquial.
La familia, palabra que llena nuestra boca, pero no siempre somos capaces de poner en valor, que, porque la tenemos, no siempre le damos la importancia que tiene, que tenemos en una referencia clara de lo que son ellos para mí y lo que yo soy para ellos y en ellos. 
Mirad creo que podríamos coincidir en muchas cosas, anécdotas o acontecimientos que han hecho a la luz de la fe lo que somos hoy. 
Quien no tiene recuerdos de sus abuelos, esos que cuando éramos tan pequeños nos mostraban a través de sus manos fuertes y su experiencia lo grande que podía ser la vida. Aquellos que se ocupaban de nuestras cosas, porque nuestros padres se afanaban en sus labores y trabajos. Aquellos que nos escuchaban primero ante nuestros enfados, los que insistían en las básicas normas de comportamiento y educación, en ese lávate las manos, súbete el pantalón, no interrumpas cuando se está hablando, no te portes mal, se siempre un ejemplo, no abras la boca mientras comes, reza antes de comer, …de dormir, saluda al Señor cuando entres en la Iglesia. Los abuelos aquellos que pasaron de tener manos de fuerzas a pies casados, manos arrugadas por la experiencia… la sabiduría y el acontecer de nuestros años. Sabéis una cosa, yo nací el día de san Joaquín y Santa Ana… los abuelos del Señor.
 Que importante es mostrarles a los niños la importancia de esos mayores que andan por nuestra casa, muchas veces marginados porque no pueden ser lo que fueron por sus achaques y años. 
Cuento con la experiencia de ir todos los días a la residencia de Nuestra Señora de la Soledad, y sabéis en que coinciden todos los abuelos, que hay una soledad que no les quita nadie, no la de allí, que tienen sus compañeros, sus talleres, las hijas de la Caridad, sino la de la ausencia de sus propias familias, que muchos de ellos, las tienen y están más solos que quien no las tienen y allí encuentran su compañía.  
Mirad soy animalista, me encantan los perros, pero cuanto me duele esa moda de estos tiempos, donde estamos más atentos a nuestras mascotas… que a los nuestros. Que, aunque suene quizás un poco serio, no nos importa recoger de la calle sus cacas y somos incapaces de limpiar la intimidad de los nuestros. 
Los abuelos, los padres… los hermanos… los nuestros, cuantas veces esta sociedad ha perdido el norte, cuando hemos confundidos a los nuestros con sus errores y aciertos, así no es el amor de Dios. 
María cuando acoge a Juan después de haber escuchado de sus Hijo… Mujer ahí tienes a tu hijo. No le hace un examen de idoneidad, no le dice a su hijo que al menos sea de los perfecto, en Juan estamos representados cada uno de nosotros, y hemos de reconocer que si hemos sido puestos en las manos de María no es por nuestros méritos sino por los méritos de Ella que siendo madre no se cansa de esperar, que nos quiere como somos, que estará siempre a nuestros lado, que como madre sabe de nuestras cosas aun sin contárselas, aunque le gusta que tengamos esa confianza y complicidad para decírselas. Que no duerme hasta que lleguemos, que ansía escuchar la llave en la cerradura para saber que hemos llegado y estamos bien. 
Que se alegra de nuestras alegrías y se entristece y no duerme con nuestras preocupaciones. Así es la familia, que grande sentirnos parte de la gran familia de los hijos de Dios, así es la Iglesia, así es nuestra parroquia, así hemos de ser cada uno de los grupos de nuestra parroquia, hombres y mujeres, niños y ancianos, hermandades, catequistas, hombres y mujeres de bien que lo último que han de hacer es hablar mal del prójimo, fundamentarse en la mentira, caer en celotipias inútiles y sobre todos olvidar que todos estamos enraizados en una tradición que no empezó con nosotros, sino con nuestros padres, abuelos, y los abuelos de nuestros abuelos…. Pero ahora te toca a ti… el ser una buena persona, justa y verdadera, vivir desde una moral evangélica, defender el honor y la honestidad, luchar por la sinceridad, por una sociedad fraterna. En ser capaz de vivir en el corazón de Dios, sabiendo escuchar de María: “Haced lo que él os diga”.
El modelo de la familia de Nazaret, no lleva a recordar lo que nuestra familia aun no siendo perfecta está llamada a realizar… 
Para eso está la vida… a lo largo de ella… puedes hacer todas estas cosas.
Nunca es tarde, cuida a los tuyos, son tu patrimonio, perdona al que no necesites, y déjate siempre amar con tus defectos, que también son suyos pero que nunca se confundirán a los ojos de una madre que, aunque seamos a veces lo que seamos seremos siempre sus hijos.  Nuestra Señora de la Estrella. Ora pro nobis.

 

Homilía quinto día de Novena

 

María, Madre de todos los sacerdotes
Queridos hermanos sacerdotes: 
Es este día de la novena, quise preparar junto a nuestro hermano mayor, una celebración especial para los sacerdotes de nuestro pueblo, para aquellos que habéis servido de una u otra forma en esta parroquia, y en nuestra comunidad diocesana. 
Muchas veces, y porque los tenemos y queremos, no somos conscientes del valor del sacerdote en nuestra comunidad, en nuestros pueblos. Recuerdo esa definición hermosa: un hombre sacado de entre los hombres para el servicio de los hombres.
Cuando Dios decidió hacerse hombre en su Hijo, necesitaba el "sí" libre de una criatura suya, la Santísima Virgen María,  Dios no actúa contra nuestra libertad. Y sucede algo realmente extraordinario: Dios se hace dependiente de la libertad, del "sí" de una criatura suya; espera este "sí". San Bernardo de Claraval, explicó de modo dramático este momento decisivo de la historia universal, donde el cielo, la tierra y Dios mismo esperan lo que dirá esta criatura. 
El "sí" de María es, por consiguiente, la puerta por la que Dios pudo entrar en el mundo, hacerse hombre. Así María está real y profundamente involucrada en el misterio de la Encarnación, de nuestra salvación. De la misma manera y porque así lo ha querido él, necesitó de nuestro pobre si, en cada una de nuestras llamadas a seguirle, a dejar atrás nuestras vidas, nuestros proyectos, y tantas cosas, para adentrarnos en una vida nueva en el corazón sacerdotal del Jesús Buen Pastor. 
Jesús, antes de morir, ve a su Madre al pie de la cruz y ve al discípulo amado; pero es más: es un ejemplo de todos los discípulos amados y de modo particular también de los sacerdotes. 
Jesús dice a María: "Madre, ahí tienes a tu hijo". Es una especie de testamento: encomienda a su Madre al cuidado del discípulo. Pero también dice al discípulo: "Ahí tienes a tu madre". El Evangelio nos dice que desde ese momento san Juan, acogió a la madre María "en su casa". Así dice la traducción que ha llegado hasta nosotros, pero el texto griego es mucho más profundo. Podríamos traducir: acogió a María en lo íntimo de su vida, en la profundidad de su ser. 
Estas son las razones de la predilección que María siente por nosotros los sacerdotes: porque la esencia del presbítero es identificarse con Cristo buen Pastor, y porque también nosotros, como ella, estamos comprometidos en la misión de proclamar, testimoniar y dar a Cristo al mundo. Queridos hermanos en el ministerio: todo sacerdote puede y debe sentirse verdaderamente hijo predilecto de esta Capitana de la Ribera, de esta Estrella de la Mañana, de esta Madre de los Sacerdotes.
Algunas veces y creo que compartiría esto con vosotros aquí presente me gustaría sincerarme con vosotros sobre la esencia misma de este ministerio, verdades que, como puños, quizás pensamos y pocas veces compartidas incluso por nosotros.
Os pregunto a toda la comunidad: ¿Quién es tu sacerdote, tu párroco?:
Aquel a quien todo el mundo explica sus problemas, pero el que generalmente        no tiene a quien explicar los suyos. Aquel que levanta a los demás cuando           caen, pero al que hunden cuando tropieza. Aquel que ayuda a los demás a levantarse de sus errores, pero quien no tiene derecho a equivocarse.
Aquel que perdona todo lo que le dicen y hacen, pero al que generalmente nunca perdonan una palabra ni un acto. Quisiera en este momento aprovechar públicamente para pedir perdón a mis compañeros sacerdotes por si en algún momento, ya sea de palabra o de obra, les pude faltar u ofender. Es bueno que la comunidad públicamente pueda ver que también nosotros pedimos perdón.
El sacerdote es aquel que ora por todo el mundo y por quién casi nadie ora.
Vosotros no os dais cuenta que trabajamos todo el tiempo, que dormimos tarde, que cargamos el peso de sus almas, el peso de la responsabilidad de sus vidas, no solo eterna sino también muchas veces terrena, que nos preocupamos de vuestros problemas, rezamos para que tengan una vida feliz y tranquila, tiene mucha gente a su alrededor y sin embargo nosotros estamos muchas veces solos, aunque en la soledad más acompañada de un Sagrario. 
¡Mirad, a veces estamos tristes delante de vosotros, sin que nadie se dé cuenta! No podemos tener una vida normal, se espera de nosotros que seamos constantemente un modelo y ejemplo de vida cuando hablamos, caminamos, o nos vestimos...
Todo el mundo piensa que Dios se encarga de nosotros, entonces nadie se preocupa de nosotros...
Tal vez nunca se han dado cuenta de que aquel que les enseña el Evangelio todos los domingos, es un SER HUMANO, con virtudes y defectos. Con toda la gracia que lo hace grande… pero también con todas las miserias que nos identifican con el barro humano. Recuerden… un hombre sacado de entre los hombres para el servicio de los hombres, no somos Superman… ni héroes. 
Acordaos de que somos verdaderos hombres de Dios y rezad para que permanezcamos siempre en la verdad. 
"Jesucristo, cuando nos dio todo lo que nos podía dar, quiso hacernos herederos de lo más precioso que tenía, es decir, de su santa Madre" Esto vale para todo cristiano, para todos nosotros, pero de modo especial para los sacerdotes.  Rezad siempre por nosotros,
¡Virgen de la Estrella, ¡Madre de los sacerdotes, ruega por nosotros!

 

 Homilía tercer día de Novena

Seguimos caminando en este tiempo de gracia y oportunidad de encuentro con el Señor, a través de esa Estrella que nos guía por los senderos de la vida.
Hoy sábado hemos querido especialmente escoger la liturgia de Santa María, en la visitación a su prima Isabel. Fiesta que como sabéis se celebra el 31 de mayo, apenas 25 días antes del nacimiento de Juan el Bautista que celebramos el 24 de junio. Distintas son las actitudes y sobre todo, las llamadas que hoy el Señor dará a nuestros corazones a través de las actitudes de su bendita Madre.

Contemplar a María como servidora, nos ayudará a cuestionarnos si hemos asumido en nuestra vida cristiana que lo nuestro es servir, estar atentos a los demás, especialmente a los que se encuentran en situaciones más vulnerables, y sobre todo, a tomar conciencia que ese cristianismo adormecido en el que nos situamos a veces, un cristianismo cómodo, de mesa de camilla, que no se moja o mancha las manos, con el barro y el sufrimiento de la gente… no lleva sino a alejarnos de Dios. Todo lo contrario, cuando vemos a María que ante el anuncio del ángel y la comunicación de que su prima Isabel está en cinta, reconoce que tan gran misión como madre del Redentor, la lleva a poner su vida al servicio y entrega a los demás.
Tres son las actitudes que María asume en su servicio:
María afronta el camino de su vida con gran realismo, humanidad y concreción, sintetizando en tres palabras la actitud de la Virgen: escucha, decisión y acción. Palabras que nos indican el camino también a nosotros, ante lo que el Señor nos pide en nuestra vida, con especial atención a los más necesitados.
Como traducir esto en mi vida: que importante es el silencio orante, ese silencio que nos sitúa ante la verdad de nosotros mismo, en todo lo que tenemos como templo de Dios, y también de miserias. Para escuchar como susurro suave que Dios me quiere, que puedo confiar en él, que está mucho más cerca de mí de lo que puedo imaginar. Enfrentarnos a la verdad de nuestra vida, vivir desde un realismo que nos ancla en el hoy de esta humanidad que se siente muchas veces sola y desorientada.
Que importante es la humanidad que desprende la Santísima Virgen María, ella se acerca a tocar la carne, el barro, la fragilidad de quien la necesita… cuantas veces nos lavamos las manos, no queremos complicarnos la vida, con que facilidad pronunciamos el amen cuando comulgamos olvidando lo que significa: así sea… 
Y concreción… que servicio concreto puedes realizar, comprometerte, a quien has de ayudar, quien te necesita… donde es necesario poner las actitudes de María Estrella de la mañana, salud de los enfermos, refugio de los pecadores, consuelo de los afligidos, auxilio de los cristianos. ¿Cuál es tu letanía de vida…?
Y todo con la mayor ternura, la ternura de una madre, os alieno a aprender a ser como la Madre de Dios. A ir contracorriente como Ella: en la Anunciación, en la Visitación, en las Bodas de Caná. Por amor salió de sí misma, para llevar a Jesús, ruego a nuestra Patrona que nos ayude a testimoniar a Cristo y su Evangelio en el mundo de hoy:
«Santa María de la Estrella, mujer de la escucha, abre nuestros oídos; haz que sepamos escuchar la Palabra de tu Hijo Jesús entre las mil palabras de este mundo; haz que sepamos escuchar la realidad en la que vivimos, a cada persona que encontramos, especialmente aquella que es pobre, necesitada, en dificultad.
Santa María de la Estrella, mujer de la decisión, ilumina nuestra mente y nuestro corazón, para que sepamos obedecer a la Palabra de tu Hijo Jesús, sin titubeos; danos el coraje de la decisión, de no dejarnos arrastrar para que otros orienten nuestra vida.
Santa María de la Estrella, mujer de la acción, haz que nuestras manos y nuestros pies se muevan “sin demora” hacia los otros, para llevar la caridad y el amor de tu Hijo Jesús, para llevar, como tú, en el mundo la luz del Evangelio».


Homilía segundo día de Novena

Queridos hermanos y amigos, en este segundo día de la novena a nuestra Madre y Patrona, vamos a profundizar sobre la limpieza de corazón, esa mirada limpia de la realidad, de nuestras vidas y del mundo que nos ayuda a descubrir la presencia de Dios en medio de ella. 
En la primera lectura hemos oído como el Señor envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que nos ayuda a reconocer a Dios como Padre. Claro que es importante esto en la vida espiritual y en la vida del creyente. Estamos injertados en la vida de la gracia, estamos llamados a participar del tronco de Jesé, somos ese pueblo de reyes, asamblea santa, pueblo sacerdotal que aclama a una sola voz, Hosanna el Hijo de David, Bendito el que viene en nombre del Señor. 
Es verdad que muchas veces, parece que no somos dignos de esa pertenencia o que somos incapaces de dar respuesta a las exigencias que brotan del evangelio. Recordemos las palabras del ángel a María: No temas… hoy te lo dice a ti, que vienes con tus circunstancias, con todos tus quebraderos de cabeza, con tus agobios.
¡Eres parte de la familia de Dios! 
¡Tú eres su pueblo! 
Ese pueblo que el Señor se ha escogido como heredad… 
La toma de conciencia de que somos una gran familia, como Iglesia, como comunidad parroquial, como hermandad… implica no solo tener conocimiento de la misma, sino asumir el compromiso y desarrollar las capacidades que se requieren para ello. El Señor que comenzó en ti la obra buena… la llevará a término.
Tu gracia me basta… pero necesito tus manos…
Tu gracia me basta… pero necesito tu corazón…
Tu gracia me basta… pero necesito tu mirada limpia…
Al contemplar en el evangelio del hoy la visita de los pastores a Belén, no dejo de sorprenderme y espero seguir haciéndolo… como son unos pastores y no otro grupo de aquella sociedad tan estratificada, los que primero pudieron contemplar al Dios con Nosotros. 
Incluso se adelantan a los magos de oriente que, a pesar de estar guiados por una hermosa Estrella, cuando llegaron se encontraron a los pastores junto al que es y será para siempre en la humanidad la Luz del Mundo. 
Cuanto me recuerda esta celebración de hoy, y la llamada a tener limpieza de corazón al evangelio donde Jesús le da las gracias al Padre, porque ha escondido estas cosas a los sabios y entendidos; y se las has revelados a los pequeños y sencillos. 
En qué lugar estamos nosotros, desde donde acogemos nosotros la revelación de Dios, esto es, la salida de Dios al encuentro del hombre. 
En María lo sabemos, ella Madre y Patrona, supo acoger el plan de Dios: Aquí está la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra. 
Y nosotros, como estamos en la Iglesia… engreídos, altivos, buscando los primeros puestos, buscamos prestigio… varas doradas y aplausos de la gente. 
O nos sentimos llamados a pesar de nuestra pequeñez a colaborar y comprometernos en una tarea grandiosa que supera nuestras capacidades pero que sabemos y confiamos que es iniciativa de Dios, a pesar de la precariedad de nosotros sus medios. 
Solo hay un camino… la gratuidad, y el sentirse pequeño ante Dios, que como alfarero ha puesto sus manos en nosotros sus pequeños y frágiles vasijas que a pesar de nuestra precariedad somos capaces de contener los que en el libro de Gálatas hoy se nos dice: Envió a nuestros corazones el Espíritu Santo. Me estremece lo grande que es Dios, ¡con lo frágiles que somos! ha querido quedarse en nuestros corazones. 
Así es Dios, una humilde doncella es Hija Predilecta del Padre, aquella que apenas pudo entender la gran misión que le encomendaba el Señor, de ser Madre de Dios y Reina, descubrió desde el primer instante, por su limpieza de corazón que eso no era un privilegio sino una llamada a sentirse servidora.
Voy terminando con esta reflexión en este segundo día de novena: podemos esperar en nuestras vidas el paso de Dios de muchas maneras… con signos prodigiosos, terremotos, huracanes o fuego. O podemos darnos cuenta de su presencia tierna y misericordiosa que como brisa suave la tenemos delante de nosotros. Los pastores se dieron cuenta que la señal era cierta: un niño envuelto entre pañales. Esa es la señal… la mirada desde el corazón y no desde nuestros prejuicios, miedos o seguridades. Cuantos niños entre pañales, entre cartones, ancianos solos, hombres y mujeres hospitalizados, que tienen que esperar a que alguien se dé cuenta que no puede ni acercarse su bandeja de comida porque no tienen a nadie. Cuanta indiferencia en nuestro mundo que nos lleva a ágoras donde solo se predica y hacia ruido la mundanidad y el vacío existencial. O simplemente una religiosidad que solo adormece la conciencia y no nos hace mover ni un dedo creyendo que la santidad consiste en el postureo y en el que me vean.
Lo cierto es que si somos hijos de Dios se nos ha de notar, y no es cuestión de medallas o de puestos, sino de servicio, de acogida, de ayuda, de un compromiso serio y comprometido desde el corazón en el camino del Reino. 
¿Estás dispuesto a ello? O como las vírgenes del evangelio y me refiero a las necias, cuando llegue el momento de encontrarnos con el Señor en el atardecer de nuestras vidas nos dirá… No te conozco, por muchas misas o novenas. Porque no te hablaste con tu hermano, porque no compartiste tu tiempo con los que están solos, porque no diste tu pan al hambriento… porque no supiste reconocerme en el que estaba en la calle. 
Pidamos a la Santísima Virgen de la Estrella, que nos ayuda a tener esa limpieza de corazón donde Dios habita… y como luz y esperanza nuestra, nos ayude a ser estrellas que lleven al encuentro de la Verdad y la Vida.
Homilía primer día de Novena
Comenzamos los cultos en honor a nuestra Madre y Patrona la Virgen de la Estrella. Nueve días que nos ayudaran a encontrarnos junto a ella, con nuestro Señor el lucero divino, Cristo Luz de los pueblos. 
Una Señal
Leer los signos de los tiempos. Hace un año éramos convocados en esta nuestra Parroquia de Santa María de la Estrella a la novena en honor a nuestra madre. Doce meses con sus luces y sus sombras, con sus alegrías y risas; con sus tristezas y lágrimas. Con todos sus proyectos y sus fracasos, pero El, el lucero divino sigue siendo el DIOS CON NOSOTROS. 
María la Virgen de la Estrella, como buena Madre que no se cansa de esperar, Ella es también Señora del tiempo y de la eternidad, ella no se cansa de esperar. Y de nuevo entre olor a nardos y a tierra mojada por las primeras gotas de lluvia que anuncian el ocaso del verano y el ya próximo otoño, nos convoca en su presencia en esta nueva novena. 
Nos vuelve a dar esa señal, su entrega … La virgen esta en vinta y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa “Dios con nosotros”.
¡Cuánto necesitamos vivir a la luz de la fe nuestros días! ¡Cuánto necesitamos vivir las cosas desde Dios!
Queridos hermanos, hemos de poner en todas las cosas al Señor, hemos de vivir todas las cosas desde Dios. 
Cuando vaciamos nuestra existencia, sus acontecimientos y los mundanizamos… caemos en un sinsentido, me atrevería a llamarlo en un absurdo…: 
¿a dónde podría ir lejos de tu espíritu? 
¿a dónde lejos de tu presencia?
Cuando iluminamos nuestra vida, sus acontecimientos… cada circunstancia con la fe, con la presencia de Dios, aun muchas de ellas dolorosas, viviremos en la seguridad y en la certeza de un Dios que nos quiere como a las niñas de sus ojos, un Dios que no nos ha abandonado ni en los momentos más tormentosos de nuestra vida.
Hoy primer día de la novena, queremos repetir contigo:
Aquí estoy Señor para hacer tu voluntad.
La fe como confianza en Dios Padre nos lleva a dar un paso más:
Implica hacer operativa la aceptación del plan de Dios sobre nosotros. No es una fe pasiva la que nos traer, y la que nos hará salir de este templo y de estos cultos. No es bajar la cabeza y aguantarse, no es resignación sino aceptación de un plan de Dios, que… aun sin comprender, nos inserta en una nueva realidad llamada Reino.
En María, la Virgen de la Estrella, encontramos esta realidad grandiosa de la fe, de la confianza en los planes de Dios. 
Claro que tenía temor, inseguridad… (no temas María… escuchó del ángel), claro que se veía sin capacidades, pues no era ella sino Dios quien la elegía.
Claro que no se sentía con fuerzas para tan gran misión, pues sería la fuerza poderosa del Espíritu de Dios quien la habitaría.
Claro que se sentía pequeña, pues sería no se pequeñez sino la inmensidad de Dios, quien desde entonces la acompañaría.
El anuncio del ángel, la aceptación de María requiere encarnación… dimensión misionera que tiene la fe, y que requiere por nuestra parte no solo la aceptación de pasiva de Dios en nuestras vidas, sino el compromiso de iluminar toda nuestra existencia con su presencia, y a la vez convertirnos en antorchas, estrellas de esperanza para los que viven en la oscuridad. 
Santa María de la Estrella: Ruega por nosotros.

 

Pinche en el interior 


Parroquia Santa María de la Estrella

Horario de Despacho

Miércoles
19:3020:50
Asuntos urgentes 30 minutos antes de Misa


Nuevo zócalo exterior de la Parroquia Santa María de la Estrella: enriquecemos patrimonio, restauramos y conservamos nuestro magnífico templo parroquial.

La fachada de la calle Porche vuelve a su origen del siglo XVIII