PARROQUIA SANTA MARIA DE LA ESTRELLA 
Declarada Bien de Interés Cultural - Coria del Río (Sevilla)

PALABRA DE VIDA Y MEDITACIÓN

 

BUENOS DÍAS NOS DE EL SEÑOR. SEAN BUENOS Y SANTOS.
LECTURAS: LUNES, SEMANA XXV DEL TIEMPO ORDINARIO.

Primera Lectura
Cant 8, 6-7.

El amor es fuerte como la muerte.

Lectura del Cantar de los Cantares.

Grábame como un sello en tu brazo, como un sello en tu corazón, porque es fuerte el amor como la muerte; es cruel la pasión como el abismo; es centella de fuego, llamarada divina: las aguas torrenciales no podrán apagar el amor, ni anegarlo los ríos. Si alguien quisiera comprar el amor con todas las riquezas de su casa, se haría despreciable.

Palabra de Dios.


Salmo Responsorial
Sal 125.

R. : He visto la cautividad de mis hijos e hijas y les he roto las cadenas. 

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía soñar: la boca se nos llenaba de risas, la lengua de cantares. 

Hasta los gentiles decían: «El Señor ha estado grande con ellos.» El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.

Que el Señor cambie nuestra suerte, como los torrentes del Négueb. Los que sembraban con lágrimas, cosechan entre cantares. 

Al ir, iba llorando, llevando la semilla; al volver, vuelve cantando, trayendo sus gavillas. 

 

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Tú eres la puerta del Rey altísimo, trono resplandeciente del que es Luz! Pueblos redimidos, aplaudid, por María se nos ha devuelto la libertad.
Aleluya.


Evangelio
Jn 2, 1-11.

Y la madre de Jesús estaba allí.  Lectura del santo Evangelio según san Juan. 

En aquel tiempo, había una boda en Cana de Galilea y la madre de Jesús estaba allí; Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino y la madre de Jesús le dijo: —-«No les queda vino.» Jesús le contestó: —«Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora.» Su madre dijo a los sirvientes: —-“Haced lo que él diga.” Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo: —«Llenad las tinajas de agua.» . Y las llenaron hasta arriba. Entonces les mandó:  —«Sacad ahora, y llevádselo al mayordomo.» Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), entonces llamó al novio y le dijo: —«Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora» Así, en Cana de Galilea, Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria y creció la fe de sus discípulos en él.

Palabra del Señor.


Lecturas del día

Primera Lectura
Prov 3, 27-34.

El Señor aborrece al perverso.

Lectura del libro de los Proverbios.

Hijo mío, no niegues un favor a quien lo necesita, si está en tu mano hacérselo. Si tienes, no digas al prójimo: «Anda, vete; mañana te lo daré». No trames daños contra tu prójimo, mientras él vive confiado contigo; no pleitees con nadie sin motivo, si no te ha hecho daño; no envidies al violento, ni sigas su camino; porque el Señor aborrece al perverso, pero se confía a los honrados; el Señor maldice la casa del malvado y bendice la morada del justo; se burla de los burlones y concede su favor a los humildes: otorga honores a los sabios y reserva baldón para los necios.

Palabra de Dios.


Salmo Responsorial
Sal 14.

R. : El justo habitará en tu monte santo, Señor

El que procede honradamente. y practica la justicia, el que tiene intenciones leales y no calumnia con su lengua.  

El que no hace mal a su prójimo ni difama al vecino, el que considera despreciable al impío y honra a los que temen al Señor.  

El que no presta dinero a usura ni acepta soborno contra el inocente. El que así obra, nunca fallará.    


Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Que brille vuestra luz ante los hombres, dice el Señor, para que viendo vuestras buenas obras, den gloria a su Padre, que está en los cielos.
Aleluya.


Evangelio
Lc 8, 16-18.

El candil se pone en el candelero para que los que entran tengan luz.  Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «Nadie enciende un candil y lo tapa con una vasija o lo mete debajo de la cama; lo pone en el candelero para que los que entran tengan luz. Nada hay oculto que no llegue a descubrirse, nada secreto que no llegue a saberse o a hacerse público. A ver si me escucháis bien: al que tiene se le dará, al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener».

Palabra del Señor.


Ya cuando estábamos estudiando teología dedicamos mucho tiempo a dialogar sobre qué significaba dar testimonio, ser testigos de Jesús. Hablábamos de algo muy importante porque en nuestro futuro inmediato, como misioneros, era lo que fundamental que pretendíamos hacer. Ser testigos debería ser el eje central de nuestra vida.

Hoy sigue estando ese debate muy presente en la vida de la Iglesia. Pero tengo la sensación de que la respuesta ha ido cambiando, de que ya no es la misma. En definitiva, nosotros nos respondíamos algo que ya se decía hace siglos. El cristiano no se diferencia por tener unas leyes o normas especiales. Tampoco por ir vestido de una manera especial. Ni siquiera el rasgo distintivo debe ser el rosario o una liturgia especial. El cristiano, el discípulo de Jesús, se distingue por un estilo de vida. Dicho en otras palabras: el “mirad cómo se aman.” Ahí está la clave. Vivir el amor de Dios en todo momento. Ése es el elemento que debe caracterizar la vida del cristiano. Francisco de Asís, cuando mandó a sus frailes a evangelizar en tierras musulmanas, lo expresó muy bien cuando dijo: “Evangelizad siempre, hablad sólo cuando sea necesario.”

Estamos llamados a ser luz del mundo. No hay ninguna razón para ocultar esa luz. Pero lo importante es la luz no el candelero. Lo importante es el amor experimentado, vivido, regalado, compartido. Lo que lo adorna es eso, puro adorno. Las palabras, los hábitos, los rezos, todo eso puede estar bien según el momento, la oportunidad. O puede estar mal y sobrar. Según el momento y la oportunidad. Pero el amor de Dios hecho vida está siempre bien. Sin él no hay testimonio.

Vamos a ser luz para que todos vean la luz, para que todos experimenten el amor de Dios que ha llegado a nuestros corazones. El amor es gratuito, generoso, misericordioso, no impone condiciones, no exige nada. Simplemente se da, se regala, sin medida, sin límite. Cualquier condición, del tipo que sea, no hace más que ocultar y esconder la luz que debe brillar para todos. Dios ha encendido esa luz en nuestros corazones. No podemos ocultarla ni taparla. Dar testimonio es vivir como el que ha experimentado el amor de Dios y lo comparte con todos. Todo eso y nada más que eso. Mi bendición a todos, Antonio Santos Pbro.