PARROQUIA SANTA MARIA DE LA ESTRELLA 
Declarada Bien de Interés Cultural - Coria del Río (Sevilla)

 PASTORAL DE LA SALUD, PARROQUIA DE SANTA MARÍA DE LA ESTRELLA

GRUPO DE PASTORAL DE LA SALUD

Parroquia Santa María de la Estrella

Pastoral de la Salud

Curso Pastoral 2017/1018

    

Siempre adelante

Porque Dios nos espera,

porque el hermano nos espera…

 

1 de diciembre a las 18:30

12 de enero a las 18:30

2 de febrero a las 18:30

2 de marzo a las 18:30

6 de abril a las 18:30

4 de mayo a las 19:30

8 de junio a las 19:30

11 de febrero de 2018, Domingo Celebración del día del Enfermo.

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO

PARA LA XXVI JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO 2018

Mater Ecclesiae: "Ahí tienes a tu hijo... Ahí tienes a tu madre.

Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa"  (Jn 19,26-27)

Queridos hermanos y hermanas:

La Iglesia debe servir siempre a los enfermos y a los que cuidan de ellos con renovado vigor, en fidelidad al mandato del Señor (cf. Lc 9,2-6; Mt 10,1-8; Mc 6,7-13), siguiendo el ejemplo muy elocuente de su Fundador y Maestro.

Este año, el tema de la Jornada del Enfermo se inspira en las palabras que Jesús, desde la cruz, dirige a su madre María y a Juan: "Ahí tienes a tu hijo... Ahí tienes a tu madre. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa" (Jn 19,26-27).

1. Estas palabras del Señor iluminan profundamente el misterio de la Cruz. Esta no representa una tragedia sin esperanza, sino que es el lugar donde Jesús muestra su gloria y deja sus últimas voluntades de amor, que se convierten en las reglas constitutivas de la comunidad cristiana y de la vida de todo discípulo.

En primer lugar, las palabras de Jesús son el origen de la vocación materna de María hacia la humanidad entera. Ella será la madre de los discípulos de su Hijo y cuidará de ellos y de su camino. Y sabemos que el cuidado materno de un hijo o de una hija incluye todos los aspectos de su educación, tanto los materiales como los espirituales.

El dolor indescriptible de la cruz traspasa el alma de María (cf. Lc 2,35), pero no la paraliza. Al contrario, como Madre del Señor comienza para ella un nuevo camino de entrega. En la cruz, Jesús se preocupa por la Iglesia y por la humanidad entera, y María está llamada a compartir esa misma preocupación. Los Hechos de los Apóstoles, al describir la gran efusión del Espíritu Santo en Pentecostés, nos muestran que María comenzó su misión en la primera comunidad de la Iglesia. Una tarea que no se acaba nunca.

2. El discípulo Juan, el discípulo amado, representa a la Iglesia, pueblo mesiánico. Él debe reconocer a María como su propia madre. Y al reconocerla, está llamado a acogerla, a contemplar en ella el modelo del discipulado y también la vocación materna que Jesús le ha confiado, con las inquietudes y los planes que conlleva: la Madre que ama y genera a hijos capaces de amar según el mandato de Jesús. Por lo tanto, la vocación materna de María, la vocación de cuidar a sus hijos, se transmite a Juan y a toda la Iglesia. Toda la comunidad de los discípulos está involucrada en la vocación materna de María.

3. Juan, como discípulo que lo compartió todo con Jesús, sabe que el Maestro quiere conducir a todos los hombres al encuentro con el Padre. Nos enseña cómo Jesús encontró a muchas personas enfermas en el espíritu, porque estaban llenas de orgullo (cf. Jn 8,31-39) y enfermas en el cuerpo (cf. Jn 5,6). A todas les dio misericordia y perdón, y a los enfermos también curación física, un signo de la vida abundante del Reino, donde se enjuga cada lágrima. Al igual que María, los discípulos están llamados a cuidar unos de otros, pero no exclusivamente. Saben que el corazón de Jesús está abierto a todos, sin excepción. Hay que proclamar el Evangelio del Reino a todos, y la caridad de los cristianos se ha de dirigir a todos los necesitados, simplemente porque son personas, hijos de Dios.

4. Esta vocación materna de la Iglesia hacia los necesitados y los enfermos se ha concretado, en su historia bimilenaria, en una rica serie de iniciativas en favor de los enfermos. Esta historia de dedicación no se debe olvidar. Continúa hoy en todo el mundo. En los países donde existen sistemas sanitarios públicos y adecuados, el trabajo de las congregaciones católicas, de las diócesis y de sus hospitales, además de proporcionar una atención médica de calidad, trata de poner a la persona humana en el centro del proceso terapéutico y de realizar la investigación científica en el respeto de la vida y de los valores morales cristianos. En los países donde los sistemas sanitarios son inadecuados o inexistentes, la Iglesia trabaja para ofrecer a la gente la mejor atención sanitaria posible, para eliminar la mortalidad infantil y erradicar algunas enfermedades generalizadas. En todas partes trata de cuidar, incluso cuando no puede sanar. La imagen de la Iglesia como un "hospital de campaña", que acoge a todos los heridos por la vida, es una realidad muy concreta, porque en algunas partes del mundo, sólo los hospitales de los misioneros y las diócesis brindan la atención necesaria a la población.

5. La memoria de la larga historia de servicio a los enfermos es motivo de alegría para la comunidad cristiana y especialmente para aquellos que realizan ese servicio en la actualidad. Sin embargo, hace falta mirar al pasado sobre todo para dejarse enriquecer por el mismo. De él debemos aprender: la generosidad hasta el sacrificio total de muchos fundadores de institutos al servicio de los enfermos; la creatividad, impulsada por la caridad, de muchas iniciativas emprendidas a lo largo de los siglos; el compromiso en la investigación científica, para proporcionar a los enfermos una atención innovadora y fiable. Este legado del pasado ayuda a proyectar bien el futuro. Por ejemplo, ayuda a preservar los hospitales católicos del riesgo del "empresarialismo", que en todo el mundo intenta que la atención médica caiga en el ámbito del mercado y termine descartando a los pobres. 

La inteligencia organizacional y la caridad requieren más bien que se respete a la persona enferma en su dignidad y se la ponga siempre en el centro del proceso de la curación. Estas deben ser las orientaciones también de los cristianos que trabajan en las estructuras públicas y que, por su servicio, están llamados a dar un buen testimonio del Evangelio.

6. Jesús entregó a la Iglesia su poder de curar: "A los que crean, les acompañarán estos signos: […] impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos" (Mc 16,17-18). En los Hechos de los Apóstoles, leemos la descripción de las curaciones realizadas por Pedro (cf. Hch 3,4-8)y Pablo (cf. Hch 14,8-11). La tarea de la Iglesia, que sabe que debe mirar a los enfermos con la misma mirada llena de ternura y compasión que su Señor, responde a este don de Jesús. La pastoral de la salud sigue siendo, y siempre será, una misión necesaria y esencial que hay que vivir con renovado ímpetu tanto en las comunidades parroquiales como en los centros de atención más excelentes. No podemos olvidar la ternura y la perseverancia con las que muchas familias acompañan a sus hijos, padres y familiares, enfermos crónicos o discapacitados graves. La atención brindada en la familia es un testimonio extraordinario de amor por la persona humana que hay que respaldar con un reconocimiento adecuado y con unas políticas apropiadas. Por lo tanto, médicos y enfermeros, sacerdotes, consagrados y voluntarios, familiares y todos aquellos que se comprometen en el cuidado de los enfermos, participan en esta misión eclesial. Se trata de una responsabilidad compartida que enriquece el valor del servicio diario de cada uno.

7. A María, Madre de la ternura, queremos confiarle todos los enfermos en el cuerpo y en el espíritu, para que los sostenga en la esperanza. Le pedimos también que nos ayude a acoger a nuestros hermanos enfermos. La Iglesia sabe que necesita una gracia especial para estar a la altura de su servicio evangélico de atención a los enfermos. Por lo tanto, la oración a la Madre del Señor nos ve unidos en una súplica insistente, para que cada miembro de la Iglesia viva con amor la vocación al servicio de la vida y de la salud. La Virgen María interceda por esta XXVI Jornada Mundial del Enfermo, ayude a las personas enfermas a vivir su sufrimiento en comunión con el Señor Jesús y apoye a quienes cuidan de ellas. A todos, enfermos, agentes sanitarios y voluntarios, imparto de corazón la Bendición Apostólica. Vaticano, 26 de noviembre de 2017.Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo.  Francisco

De un tiempo a esta parte, se está hablando y escribiendo mucho sobre “la Iglesia samaritana”. Todo ello se debe al Papa Francisco, que tanto insiste sobre el tema (misericordia, compasión, cercanía…) Pero para algunos la expresión “Iglesia samaritana”, resulta un tanto extraña, por no saber de dónde viene, y que significa.

Para entenderlo, debemos partir de la parábola de Jesús, sobre “el buen samaritano” (Lc.10, 25-37).

“En esto un doctor de la ley se levantó, y preguntó a Jesús: ¿Quién es mi prójimo? Jesús le contestó: Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó. Tropezó con unos asaltantes que lo desnudaron, lo hirieron y se fueron dejándolo medio muerto. Coincidió que bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verlo, pasó de largo. Lo mismo un levita, llegó al lugar, lo vio y pasó de largo. Un samaritano que iba de camino llegó a donde estaba, lo vio y se compadeció. Le echó aceite y vino en las heridas y se las vendó. Después, montándolo en su cabalgadura, lo condujo a una posada y lo cuidó. Al día siguiente sacó dos denarios, se los dio al posadero y le encargó: Cuida de él, y lo que gastes de más te lo pagaré a la vuelta. ¿Quién de los tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los asaltantes? Contestó: El que lo trató con misericordia. Y Jesús le dijo: Ve y haz tú lo mismo”.

Tres personajes. Dos que no muestran misericordia. Prefieren aferrarse a la ley de la no contaminación. Uno, extranjero, samaritano, tenido por hereje porque no coincidían sus creencias con las de los judíos, es el que ejerce la misericordia con el infeliz, atacado por los ladrones. Y lo hace con una ejemplar generosidad: su tiempo, su dinero, sus cuidados… No le importa que el herido tenga otras creencias. Lo importante es ser misericordioso, solidario, cercano, compasivo. Hoy, a ese conjunto de cualidades o virtudes, lo llamamos “ser samaritano”.

                 

El Papa Francisco está sanamente empeñado en lograr que la Iglesia sea una “Iglesia samaritana”, acogedora, comprensiva, cercana, misericordiosa y compasiva. Que es todo lo contrario a una Iglesia autoritaria, protagonista, inmisericorde, ombligo del mundo.

¿QUIENES SOMOS?

Un grupo de mujeres, que nos reunimos con el objetivo de animar y coordinar la acción de la parroquia en el campo de la salud y la enfermedad. Así nuestro compromiso es la presencia y la acción de la Iglesia, buscando llevar la luz y la gracia del Señor a los que sufren y a los que cuidan de ellos.

Generalmente se nos conoce como “las visitadoras de enfermos” porque como grupo viene funcionando mucho tiempo, ya que la atención  a los enfermos es uno de los aspectos fundamentales  de la acción pastoral de una parroquia.

No obstante, y por hacer un poco de historia, queremos decir que el grupo, tal y como funciona ahora, se inició muchos años. La mayoría de las personas que componen hoy el grupo vienen trabajando en él desde aquellos años.

A lo largo de este tiempo se ha realizado un gran esfuerzo de reflexión y renovación de la acción evangelizadora en este sector siguiendo las líneas de orientación marcadas por la Diócesis y la Conferencia Episcopal.

Hay que decir que este grupo es un grupo abierto, y pueden formar parte de él todas aquellas personas, hombres y mujeres, que se sientan llamados a vivir su compromiso alentando y ayudando a las personas mayores y enfermas,  acompañándolas con la fuerza de la oración y la gracia del sacramento.

¿COMO  FUNCIONAMOS?

Nos reunimos un jueves al mes.

En esta reunión se empieza  siempre con unos minutos de oración, para después pasar a la lectura de un texto de la Sagrada Escritura,  que se reflexiona desde la sensibilidad que proviene del contacto con los enfermos.

En las reuniones también se revisa cómo estamos llevando a cabo el servicio de atender a los enfermos,(en casa o ingresados) dificultades que encontramos, avances , experiencias satisfactorias, etc.  Llegando siempre al descubrimiento de que si para el enfermo la visita supone una alegría, para nosotras es una experiencia de  fe y de evangelización el contacto con ellos.

Las visitas en los domicilios de los enfermos se realizan, según la necesidad, semanal, quincenal o mensualmente, en ellas se habla con los enfermos y las personas que los atienden, se comenta el evangelio, se reza y se administra la comunión.

Periódicamente la visita se realiza con el sacerdote, dando la oportunidad de que reciban el sacramento de la Penitencia.

OTRAS ACTIVIDADES

Anualmente se realiza la fiesta de la Pascua del Enfermo,  en el VI Domingo de Pascua. En esta fiesta se celebra la Eucaristía, a la que asisten todos los ancianos y enfermos con capacidad para desplazarse.

¿COMO  SOLICITAR  QUE UN ENFERMO SEA VISITADO?

Para que un enfermo sea visitado, tiene que manifestarlo, es decir, el enfermo o un familiar solicita en la Parroquia el ser visitado, así de esta forma se toman los datos, nombre, dirección y número de teléfono

Ahora también, y dada la oportunidad que brinda esta página Web, la petición de que un enfermo sea atendido se podrá solicitar a través de ella.